por Javier Gómez Espinosa
AGAPO FLASHBACK EXPERIENCE, 8 de Mayo de 2011 – Sala ROCKITCHEN
Excepcionalmente, salimos del barrio pero para recrearlo por una noche más allá de sus fronteras. Anoche la cita era en realidad unos cuantos años atrás, en el corazón del barrio de Maravillas, que empezaba entonces a conocerse con el nombre de Malasaña. Anoche, como entonces, mucha gente se tuvo que quedar fuera porque no había más sitio. Y, en cierto modo, está bien que sea así: lo bueno no puede estar siempre al alcance de todos a la vez ni durar indefinidamente. No lo valoraríamos ni lo disfrutaríamos igual.

Los anfitriones - Alvaro, Santi y Marisa
Símbolo de un tiempo y un lugar, el Agapo ha acabado siendo algo mítico. No había hasta entonces locales así en la noche madrileña, de barrio, cercano, familiar y con música en directo a diario. En el Agapo se sentaron las bases de lo que algunos han llamado “sonido Malasaña”, aunque quizás sea más apropiado hablar, más allá de la música, de todo un estilo de vida. Yo lo conocí en su etapa final, cuando ya no hacían conciertos y habían proliferado los locales similares por Malasaña y otros barrios; pero aún conservaba intacto su encanto y su espíritu (además, me pillaba al lado de casa y cerraba a las tantas – eso sí, si conseguías tener la suerte de entrar).
Tras diez años que marcaron a varias generaciones, al barrio, a una ciudad entera, en 1994 terminó aquella aventura – tristemente, como tantas otras entonces, con el incalificable Angel Matanzo por medio en su papel de implacable sheriff del distrito Centro. Pero la criatura de Santi Camuñas y los hermanos Ruiz (Marisa, Álvaro y Kike) había cobrado vida propia, y con ella ya habían sembrado en muchos corazones algo muy difícil de arrancar. Al Agapo siguieron otros locales y proyectos que tienen continuidad hasta ahora – y esperemos que por mucho tiempo; pero siempre ha habido la necesidad de crear momentos especiales para el recuerdo, que han confluido finalmente en una gran fiesta con gran parte de los grupos habituales de su escenario.

Las Ruedas
Durante cinco horas estuvieron desfilando artistas diversos, rememorando aquellas interminables noches de conciertos agaperos. Algunos en activo aún – y en un magnífico estado de forma, otros que nunca se fueron del todo, unos cuantos reunidos expresamente para la ocasión y hasta los que no podían juntar a la banda de entonces pero no podían faltar. Si se echó de menos a bastantes que ya no están, y que ayer se hicieron más presentes que nunca. Como dijo Marisa Ruiz acordándose especialmente de su hermano Kike, ojalá se pudiese resucitar a las personas igual que ellos hicieron anoche con su antiguo bar.
Anunciado a las nueve el comienzo, incluso arrancaron las actuaciones algo antes de esa hora. Y a pesar del recuerdo como garito rockero por excelencia, también es preciso recordar que allí podían sonar las músicas más diversas, como atestiguaba la presencia de Cañones y Mantequilla abriendo el cartel con su sonido country, y de Antonio Bartrina y Ariel Hernández, de Malevaje, con sus intemporales tangos. Las Ruedas, unos clásicos del Agapo, volvieron para demostrar que conservan buena parte de la energía que les hizo ser unos de los favoritos en esta sala.

Sex Museum
J. Teixi y su banda fueron subiendo el nivel y la intensidad en una actuación poderosa, anticipando uno de los platos fuertes de la noche, doble en este caso: la imprescindible familia Pardo y amigos, como Sex Museum primero y como Los Coronas después, pusieron toda la pasión, el sudor y hasta las tripas en una memorable intervención que marcó uno de los puntos gloriosos de la velada. No estuvieron tan finos sus colegas Los Macana, que al arrancar sufrieron problemas de sonido, pero poco importó eso a nadie – incluso algunos, en las primeras filas, aprovechaban las paradas por problemas técnicos para recordar viejos tiempos con los músicos…
Después llegó otro de los momentos más esperados: la reunión de Los Enemigos - Josele, Fino y Artemio – cinco años después de su última reaparición supo desde luego a poco, pero la cosa tenía que mantenerse a tres temas por banda para poder avanzar. No obstante, Fino permaneció en escena para unirse a Patacho e Iñaki en una nueva y, como es habitual, enloquecida reencarnación de Glutamato Ye-Yé en la que finalmente también acabó enrolándose Josele, que a su vez se quedó sobre las tablas para volver a formar parte de The Nativos, dando otra buena muestra de rock del bueno, del de siempre.

Glutamato Ye Yé
Todo quedaba en casa, y cualquiera podía acabar tocando con otros, como sucedió en la siguiente aparición estelar: realmente brutal lo de Ana Curra con Manolo Uvi. Absolutamente punk. Y ya cuando se les unió el sevillano Dogo, desparrame total. Sin duda, de lo mejor de la noche. Desenfreno del público, ya totalmente lanzado con el recuerdo de Parálisis Permanente. A estas alturas, los pies empezaban a quedarse pegados al suelo lleno de vasos, reforzando la sensación de haber vuelto realmente al Agapo.

Ana Curra
Y quedaba por delante más tralla a cargo de La Uvi, con Manolo al frente; Sex Tattoo pusieron la nota más festiva, entre punky y cabaretera, derrochando desparpajo y sentido del humor antes de dar paso a la apocalíptica intervención de Espasmódicos, auténtica descarga de rabia y mala leche que marcó el lado más salvaje de la fiesta, con permiso de Ana Curra y compañía.
Para finalizar, algunos de los que ya se habían subido al escenario anteriormente volvieron para reunirse con un puñado de amigos que no quisieron desaprovechar la ocasión de cerrar este emotiva flashback experience. Todos ocultos tras caretas con el orondo careto del añorado Kike Turmix, otro de los más recordados a lo largo de la velada, se marcaron algunos de los temas agaperos de fin de fiesta por excelencia, entre los que no podía faltar “Louis Louie” o “Wooly Bully”. Hasta hubo lugar todavía para una despedida con aires de ranchera en la que ya participaron hasta los anfitriones, echándose unos bailes junto con los músicos.
A eso de las dos de la madrugada, las actuaciones acababan pero la noche seguía. Entre los asistentes, por supuesto, toda la crápula y canallesca superviviente de la época, que se mezclaba con otros que nunca llegaron a pisar el Agapo – muchos por evidentes motivos de edad, a quienes se añadieron gentes de lo más dispar (desde el rockero cocinero Sergi Arola hasta actores como Willy Toledo, pasando por representantes de salas y gente de todos los sectores relacionados con la música).

Agapo All Stars
Tal vez no fuera una noche que pase a la historia de la música, pero creo que ninguno de los que allí estuvimos la olvidaremos. Es más, creo que todos nos quedamos con ganas de repetir.
Así que, si los anfitriones lo tienen a bien: ¡Hasta la próxima! Nos vemos en el Agapo, donde quiera que se vuelva a materializar.
Fotos de la velada